Mostrando entradas con la etiqueta salvaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta salvaje. Mostrar todas las entradas

SAFARI: El Mundo Salvaje de Sudafrica, Kenia y Botswana.

Ir de safari resulta que ya no es un lujo de unos pocos, ahora hay un safari ideal para casi cualquier presupuesto gracias al aumento de lodges y campings, unido a la crisis internacional. Gracias a la mejora de infraestructuras y a la competencia entre agencias para ver quien se queda con el cliente salimos todos beneficiados!
Muy pocos viajes pueden compararse con un safari africano, tanto por su carga de aventura como por su naturaleza romántica. Aún hay muchos viajeros que no conocen la tranquilidad de una noche estrellada en la sabana o el adrenalítico terror de salir corriendo porque se acerca una manada de leones, porque asumen que los safaris son demasiado caros y difíciles de planear.

Por supuesto que es posible realizar una búsqueda en internet pero no es la alternativa más razonable, al menos no para todo tipo de viajeros. Recomiendo un agente de viajes especialista en safaris para esta experiencia, que se pueda amoldar a tus gustos y te aconseje sobre itinerarios, con garantías.

Importante para tu maleta opta por una blanda de loneta, con no más de 15 kg, para que quepa en las bodegas de las avionetas y además tienes servicio de lavanderia en lodges y campings. Llévate una buena cámara con teleobjetivo o cuando estés allí te pasarás el día deseando habertela llevado.
Aunque parezca una tontería no te pongas colores llamativos y elije en tonos tierra y caqui, son los q mejor ocultan la suciedad, reflejan el sol y te camuflan. No lleves vaqueros ni te pongas perfume, porque atraen la atención de la vida salvaje, particularmente de criaturas voladoras...!

Botswana
Este país interior tiene la dimensión de Francia y sólo tiene millón y medio de habitantes. También lo llaman "la joya de la corona" de los países de safari por la cantidad de fauna, el limitado numero de visitantes, por la conservación de sus costumbres y por la diversidad de su terreno (desde el delta de Okavango, el mayor delta fluvial del mundo, hasta el desierto de Kalahari).
El mes de noviembre es el idóneo para ir, porque llegan las nuevas camadas y el monte está maravillosamente verde.
Puede salirte un viaje muy caro si no lo contratas a través de un operador especializado como por ejemplo Drifters, ya que es muy difícil allí moverte por tu cuenta.
Principales parques y reservas: Kalahari Central, Chobe, Moremi, Okavango, Savuti.
No puedes dejar de hacer: dormir bajo las estrellas en Makgadikgadi Pan, una gran llanura cubierta de sal y otros minerales en medio de la sabana, al noreste. Caminar por el Kalahari junto a bosquimano.

Kenia
Lo conocimos la mayoría gracias a Memorias de África, posee todos los ingredientes: diversidad de fauna, playa, pequeñas reservas y montaña. Aunque es el más turístico de los safaris, en comparación con Tanzania y Zambia.
Es recomendable ir en abril, mayo o noviembre.
Principales parques y reservas: Amboseli, Laikipia, Masai Mara, Samburu, Tsavo. Las playas de Malindi o Lamu, las más espectaculares.
No te pierdas: ver cientos de ñus y cebras cruzando el Mara durante días.

Sudáfrica
El país más desarrollado de África. Perfecto para combinar safari con una visita a una ciudad o playa. Cualquier época para ir es buena pero es preferible de junio a septiembre.
Principales parques: El Addo Elephant y los enormes parques nacionales de Kruger (los terrenos incluyen varias reservas privadas, como Sabi Sands y Timbavati), el parque Kgalagadi y Phinda.
Es fácil desplazarse y conducir por tu cuenta, muchos parques son zonas sin peligro de malaria. Evita los atascos, que allí también los hay.
Recuerdo inolvidable: la confluencia de la sabana con las olas en la reserva Phinda.
La excursión Pafuri walking Trail que ofrece Safaris Wilderness te llevará a partes olvidadas del Kruger con gigantes baobabs, selvas y grandes animales.

El check-in de un elefante, jaja.
Una joven masai.



 Las cataratas de Livingstone, en la frontera de Botswana con Zambia.


Tahití: Rangiroa y Fakarava

Es un destino en el que pensamos como viaje de luna de miel, pero es un viaje que en cualquier momento de nuestras vidas podemos y debemos realizar!!  Es el paraíso con el que se sueña muchas veces de frío invierno. Se puede acceder con el avión  Air Tahití Nuir y llegar asi a estas playas de arena coralina fruto de la erosión de las barreras de arrecifes que crecen sobre los cráteres de una cadena de volcanes hace una decena de millones de años.
Es donde uno se puede llegar a acostumbrar a nadar entre tiburones, ninguna de las especies

que viven en las aguas de Tahití y sus islas ataca al hombre a no ser que se sienta amenazado.
Una inmensidad de peces tropicales : peces trompeta, mariposa, cuberas, barracudas, y sólo eres capaz de observar desde una perspectiva hasta ahora insospechada. La naturaleza va por libre.
Barbacoas en un motu, visitar los viñedos de Vin de Tahití, dar de comer a los tiburones, salir en barca de excursión e ir a cenar mientras los perros se divierten espantando a los tiburones son algunas de las cosas que hacer en este paraíso.
No hace falta ser buceador experimentado para disfrutar de los fondos marinos de Tuamotu, un esnorquel es suficiente. Incluso a escasos metros de la orilla del centro de la capital del principal atolón del archipiélago basta con meter la cabeza bajo el agua para que empiece el espectáculo.
El archipiélago de Tuamotu se encuentra a unos 300 km al noreste de Papeete, la capital de Tahití y de la Polinesia Francesa (territorio de ultramar dependiente de Francia).
Puedes alojarte en Kia Ora en Rangiroa, en bungalows sobre el agua, junto a la orilla y en el jardín. También organizan excursiones y tiene un buen restaurante. A una hora y media en barco en un motu privado, en el otro extremo de la laguna está Kia Ora Sauvage, que es la versión asalvajada con 5 cabañas sin luz electrica. Ambos hoteles están recien reformados.
En Fakarava, el Le Maitai Dream tiene 21 bungalows muy amplios frente a la playa, con buenísimo restaurante también.
Como dato curioso, la Pinctada margaritifera, que aquí habita, es la única ostra del mundo capaz de generar perlas de colores, tantos hasta 600, dicen. Además, el cultivo de perlas negras es la principal actividad económica del archipiélago.
 Esperar el atardecer en la hamaca en tu elegante cabaña, dentro del agua o con tu mai tai en la terraza del bar es el mayor conflicto al que tendrás que enfrentarte en las Tuamotu.

Costa Norte de Brasil

Esta zona abarca desde el estado de Bahía hasta la selva amazónica. Es la región más pobre de Brasil y la que mejor ha conservado la impronta colonial. Su atractivo: la gran variedad étnica, cultural y geográfica.


Alagoas

Tiene un recorrido muy interesante por la costa en los alrededores de Maceió, junto a la gran laguna Manguaba. En la playa Pajuçara puedes alquilar una jangada, barca de los pescadores locales, que te llevará a la piscina natural formada por la barrera de coral al norte de la ciudad, perfecto para hacer submarinismo y también merece la pena visitar pueblos pescadores como Barra do Camarajibe y Sâo Miguel dos Milagros. Para hospedarse en esta región, en Maceió hay un hotel que tiene acceso directo a la preciosa playa que le da nombre, Jatiúca Resort. Como restaurantes recomiendo el mismo del hotel y Bar das Ostras, en rua Paulina Mendoça 153, con exquisitas ostras y langostas.

Pernambuco

Debía su riqueza a las inmensas plantaciones de caña de azúcar y hoy sigue siendo uno de los estados de Brasil más desarrollados en este sector. En su capital, Recife, la dominación holandesa ha dejado un sello evidente en los ojos verdes de muchísimos de sus habitantes, y no sólo eso, la mezcla étnica ha dejado un intenso clima cultural: en ella se fundó el primer periódico brasileño, la más prestigiosa Facultad de Derecho y el Museo del Hombre del Nordeste.
En Recife la zona más turística es Boa Viagem con una alta concentración de hoteles, restaurantes y bares. Si lo que buscas son localidades menos turísticas debe dirigirte al sur de la capital, a la playa de Cabo de Santo Agostinho, desde la cual puedes acceder a pie a las ruinas del Forte Castelo do Mar.Y más al sur todavía, Porto do Galinhas, cuya playa, llena de palmeras, manglares y nogales, bordea una espectacular bahía protegida por la barrera coralina.
También en Olinda, declarada Patrimonio de la Humanidad, se percibe esta atmósfera mixta, estimulante y creativa. Cabellos rubios sobre rostros morenos, algun hippie veterano y muchos artistas procedentes de otras partes de Brasil. Olinda es pequeña y conocerla a pie no requiere mucho esfuerzo. Aconsejo pernoctar al menos una noche, lejos de los rascalcielos de Recife.
Como restaurantes recomiendo, en Olinda: Goya, rua do Amparo 157; y Oficina do Sabor, rua do Amparo 353. En Recife: Porcâo, av. domingos ferreira 4215, boa viagem.
Y de la gran variedad de hoteles en Recife destacaría: Recife Monte Hotel, rua dos navegantes 363.

Fernando de Noronha

Este archipiélago tiene origen volcánico y alberga en sus aguas cristalinas y en su selva tropical especies raras y en vías de extinción. Se accede a las islas con vuelos diarios desde Recife y Natal.

Ha sido declarado Parque Nacional y en él podemos observar aves marinas, rayas, tiburones, delfines, ballenas y tortugas. Algunas playas están cerradas al público como Baia dos Golfinhos (de los delfines) pero se pueden ver en el Mirante dos Golfinhos. Leâo, esta habitada por tortugas y las playa Cinceiçao, Quixaba y Cacimba do Padre son frecuentadas por surfistas. Para hacer submarinismo es perfecto Baia Dos Porcos y Baia de Sueste. Para moverte por la isla puedes alquilar un buggy, moto, bici o coche, y hay una tasa de estancia diaria de 13 dólares y un límite de visitantes de 420. Uno de los mejores hoteles para hospedarse es el Esmeralda no Atlântico.

Rio Grande do Norte

El litoral, batido por fuertes vientos del Atlántico, está formado por enormes dunas de arena de hasta 50 metros, como la de Genipabu. En estas playas, se pueden realizar emocionantes excursiones por las pendientes arenosas en buggy. Los litorales se extienden por la costa al sur de Natal (su capital), entre Buzios y Senador Georgino Alevino.
Puedes degustar las mejores propuestas gastronómicas de la ciudad en Samo, rua Miguel Castro, Natal. Y el hotel más recomendable es el Ocean Palace de Natal, situado a lado del 2º bosque urbano más grande de Brasil.

Ceará

Iguaipe, Aguas Belas, Caponga, Canoa Quebrada, Praia das Fontes, Bitupitá... son nombres de tantas playas que bordean el litoral de Ceará. La variedad de sus playas, con dunas o escollos, con arcos de piedra, grutas submarinas, e incluso fuentes de agua dulce que manan en la orilla del mar. En Canoa Quebrada, pueblo considerado una de las metas mas "in" de Brasil, encontramos mucha población joven, y por tanto la vida nocturna es muy animada, bailando samba y reggae hasta el alba.

Fortaleza es la capital de este estado, y tiene un larga playa donde se suceden los bares, locales nocturnos y restaurantes. Es casi vital una vez aqui visitar Jericoacoara, declarada por la Unesco una de las diez playas más bellas del mundo. Se puede ir en bus desde Fortaleza, y asi poder disfrutar sus enormes dunas que cambian de color durante el día y la puesta de sol desde lo alto de la colina, sin duda un espectáculo inolvidable.

En Fortaleza encontrarás numerosos restaurantes: Cantinho do Faustino, Bistrô La Bohème, Sobre o mar, Al mare.

Maranhâo

Esta región tiene una extensión de 330.000 km2, y 650 km de costa, el agua no siempre está limpia y hay olas de casi 8 m de altura. Tiene un clima tropical, el verano va de julio a diciembre, y el resto de meses hay muchas lluvias. Además hay una serie de desiertos por la costa, como el del Parque dos Lençois Maranhenses formado por dunas que encierran lagunas de agua dulce, que ponen de manifiesto este ecosistema entre la selva amazónica y los manglares, muchas llanuras fértiles y terrenos áridos.

La joya de este estado es Sâo Luís, la capital. Es una isla unida por un puente a tierra firme. El casco antiguo es de origen colonial, hay numerosas iglesias y tiendas de artesanía, bares y restaurantes, de los cuales recomiendo A Varanda, en rua Denésio Rego 185.